El flagelo de la violencia doméstica, que se define como cualquier tipo de abuso o agresión que ocurre dentro del hogar o en una relación íntima, sigue, silenciosamente, golpeando a miles de personas, especialmente a mujeres y niños en todo el territorio nacional.
Si bien, es un tema al que nos referimos constantemente porque tiene su máxima expresión en la muerte violenta de miles de mujeres, la problemática tiene muchas aristas más de las que muy poco se habla, pero que, igualmente, causa graves problemas, traumas, dolores a las víctimas, como ser: la violencia física, psicológica, sexual, económica o emocional que pueden ejercerse contra la pareja, hijos, familiares u otras personas que conviven en el mismo entorno, pudiendo ser mujeres, hombres, niños, niñas, adultos mayores, quienes sufren de todo tipo de abusos como los insultos, golpes, humillaciones, amenazas, manipulación emocional, explotación laboral, negación de derechos a la educación y la salud.
En Honduras, son muchas las mujeres que han perdido la vida tras años de ser víctimas de estos abusos, en muchos de los casos en silencio, y otras que optan por abandonar sus hogares, sus bienes y hasta sus hijos e hijas, para salvar la vida.
Desgraciadamente, estos casos no están siendo atendidos con la debida celeridad por las autoridades y los organismos públicos y privados que se dedican a estudiar y defender a las víctimas.
No se puede desconocer que se han dado pasos importantes, pero se requiere de muchas más acciones, políticas públicas integrales, que ayuden a las víctimas a romper el círculo de violencia en el que viven.
Este es un tema que requiere de mayor debate en la sociedad y de dejar de sumar las denuncias para evidenciar la problemática, lo que si bien es importante no debe hacernos olvidar que detrás de cada cifra hay una persona, una historia de dolor que debemos ayudar a frenar.