Tegucigalpa, Honduras.- Su obra no se limita a una simple reproducción fotográfica ni se reduce a la representación de trivialidades superfluas.
Lo que persigue esta artista plástica en su quehacer es incidir en la memoria colectiva, transformando relatos de resistencia, identidad y empoderamiento que se materializan sobre lienzos y muros. Fernanda Betancourth (1993, Tegucigalpa) —o Betan en la esfera artística local—, frente a cualquier cliché, busca convertir espacios en puntos de reflexión y expresión.
En esta entrevista con EL HERALDO, la ilustradora y muralista ofrece una mirada introspectiva a su proceso creativo y su rol en el arte contemporáneo y nacional.
¿Recuerda el momento o la obra que la hizo darse cuenta de su inclinación por el arte?
Desde niña me encantaba dibujar, pero en mi aldea (Las Oricas) no conocía a nadie que se dedicara al arte ni lo veía como una opción profesional. Fue una profesora quien le sugirió a mi mamá que me inscribiera en un taller de pintura. Recuerdo que la primera vez que participé en un espacio artístico, quedé fascinada. El profesor del taller me enseñó a aplicar los lápices de color, y el resultado me sorprendió. Desde entonces, no dejaba de decirle a mi mamá que quería ser pintora. Le estoy muy agradecida por su apoyo, incluso sin saber si algún día podría dedicarme al arte.
Su formación en la Escuela Nacional de Bellas Artes sentó las bases de su carrera, pero ¿qué aspectos de su estilo cree que ha desarrollado más allá de lo aprendido en la academia?
Bellas Artes proporciona una base, pero no define si alguien será artista. Creo que el desarrollo del estilo es un proceso individual que se construye con exploración técnica y cuestionamientos. Además, el estilo no es algo estático; cambia a medida que crecemos como artistas visuales.
Sus murales tienen una fuerte carga simbólica y social. ¿Cómo equilibra el mensaje con la estética visual en cada intervención?
Lo que hago es trabajar en la creación de un lenguaje visual para comunicar ideas, y la composición es la herramienta que me facilita ese proceso. Utilizo la composición para organizar elementos visuales como líneas, formas, colores e imágenes, buscando siempre cierta armonía, para poder transmitir de manera más efectiva un mensaje o idea.

¿Qué aspectos busca enfatizar y transmitir a través de su obra?
Me gusta representar a mujeres vivaces, fuertes y luchadoras, así como la diversidad y belleza de las personas. También me interesa reflejar el crecimiento tanto colectivo como individual. Comparto, además, la lucha por los derechos sociales, culturales y políticos de los pueblos, las personas y las mujeres.
¿Tiene la sensación de que aún le falta un mural por pintar?
Nunca quedamos completamente satisfechos. Quiero seguir pintando en mi comunidad, y lo haré. Además, cada vez que recorro el espacio público e identifico lugares donde se puede intervenir, surge en mí la necesidad de ir y crear algo ahí.
¿El arte debe ser siempre un compromiso?
Claro, con el trabajo hay que ser comprometido, disciplinado y asumir los retos que se presenten.
Ha trabajado con organizaciones como Save the Children y la Red de Trabajadoras Domésticas. ¿Cuál ha sido la experiencia más significativa en estos proyectos?
No podría clasificar las experiencias, ya que cada una me ha dejado aprendizajes importantes. Sin embargo, todas me han llevado a cuestionarme las realidades y los entornos en los que las personas viven y crecen. Estas experiencias nos nutren y nos hacen más empáticos como seres humanos.

¿A su criterio, el muralismo tiene un potencial transformador más fuerte que otras formas de arte?
El arte, en general, es un medio de comunicación con la capacidad de transformar entornos y pensamientos. Sin embargo, creo que el arte de caballete también está marcado por aspectos de clase, ya que no todas las personas tienen la posibilidad de interactuar con una galería de arte. En cambio, una pieza presentada en el espacio público puede ser vista por cualquier persona que transite por la calle, sin importar su contexto.
En una era digital, donde las imágenes se consumen rápidamente, ¿cómo ve el papel del muralismo en la construcción de la memoria colectiva?
Históricamente, el muralismo nos ha permitido plasmar memoria, ideas e historia en diferentes superficies a lo largo del tiempo. Sin embargo, en este país, el muralismo y el grafiti no siempre han sido reconocidos como arte. Para mí, el grafiti, el muralismo y cualquier otra expresión artística en el espacio público, como el empapelado, son manifestaciones de realidades sociales. Además, funcionan como una bitácora que, aunque pueda ser borrada, permanece registrada en la era digital, conservando la memoria de las luchas y los derechos que en su momento fueron exigidos.

¿Cómo considera su rol en el relevo generacional del arte hondureño y las posibilidades que abre para futuras generaciones de artistas?
A mí misma me vería únicamente como un referente, entre varios, de que es posible hacer carrera en el arte, a pesar de las dificultades que presenta el contexto de este país y de cómo el arte nos permite expresarnos en el espacio público, aunque seamos mujeres, ya que siempre se nos ha querido recluir en lo privado.