Tegucigalpa, Honduras
Con 90 años sobre su espalda y abordo de una vieja silla de ruedas, doña María de la Cruz Lanza llegó a la Escuela Juan Ramón Molina de la capital hondureña para ejercer su derecho al voto.
Desde horas muy tempranas de la mañana, la mujer de la tercera edad pidió a sus hijos que la llevaran a votar, acción que ha realizado desde que tiene memoria, según comentó la abuelita.
Aunque su voz era un poco suave, sus pensamientos estaban enfocados en una nueva esperanza: una mejor Honduras para sus hijos y nietos.
La abuelita buscó con ansias su nombre en el padrón electoral ubicado en cada aula y rápidamente se apresuró a ejercer su derecho.
La mujer se hizo acompañar por varios de sus parientes, a quienes espera dejarles la tradición que por muchos años su familia ha cumplido: votar.
Con 90 años sobre su espalda y abordo de una vieja silla de ruedas, doña María de la Cruz Lanza llegó a la Escuela Juan Ramón Molina de la capital hondureña para ejercer su derecho al voto.
Desde horas muy tempranas de la mañana, la mujer de la tercera edad pidió a sus hijos que la llevaran a votar, acción que ha realizado desde que tiene memoria, según comentó la abuelita.
Aunque su voz era un poco suave, sus pensamientos estaban enfocados en una nueva esperanza: una mejor Honduras para sus hijos y nietos.
La abuelita buscó con ansias su nombre en el padrón electoral ubicado en cada aula y rápidamente se apresuró a ejercer su derecho.
La mujer se hizo acompañar por varios de sus parientes, a quienes espera dejarles la tradición que por muchos años su familia ha cumplido: votar.
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