África: ¿el continente que cambiará el rumbo del mundo en el siglo XXI?

El FMI sugiere que África podría convertirse en un pilar global. Con una población en aumento, el futuro del continente es incierto pero prometedor

  • 30 de marzo de 2025 a las 20:28
África: ¿el continente que cambiará el rumbo del mundo en el siglo XXI?

Por Nicholas Kristof / The New York Times

Gran parte del mundo está acostumbrado a pensar en África como una empobrecida atracción secundaria, que representa una pequeña parte de la población mundial y del producto interno bruto —pero ¿qué pasa si eso está a punto de cambiar?

Los expertos del Fondo Monetario Internacional han argumentado que estamos entrando al “siglo africano”. Yo no iría tan lejos, pero tienen razón al señalar profundos cambios demográficos y de otro tipo que sugieren que África desempeñará un papel mucho más importante en el mundo.

Algunos puntos:

■ Debido al colapso de la fertilidad en otras partes, África constituirá una parte cada vez mayor de la población mundial. África representaba menos del 10 por ciento de la población mundial hasta principios de la década de 1970, pero un pronóstico demográfico en The Lancet sugiere que para el 2100, el 54 por ciento de los bebés del mundo nacerán en el África subsahariana.

■ Si ese pronóstico es correcto, en algún momento del siglo 22 la mayoría de la población mundial será africana.

■ Hace un siglo, había cantidades similares de africanos y norteamericanos. Hoy hay 2.5 veces más africanos. Se anticipa que para el 2100, haya cinco veces más africanos.

■ Se anticipa que para el 2100 más del 80 por ciento de la población mundial sea africana o asiática.

■ Se pronostica que para el 2100 los países francófonos más poblados serán la República Democrática del Congo y Costa de Marfil. La ciudad con más francófonos ya no es París, sino Kinshasa, Congo.

■ Del 2001 al 2010, 6 de las 10 economías de más rápido crecimiento del mundo estaban en África, indicando lo que es posible. El crecimiento africano luego se desaceleró, pero el Banco Mundial estima que África subsahariana creció 3.6 por ciento en el 2024 y crecerá 4.2 por ciento este año —un poco más lento que el pronóstico de Asia del 4.4 por ciento.

En un mundo envejecido y quizás debilitado, África también será un continente de jóvenes —convirtiéndolo posiblemente en un continente comparativamente vigoroso y un mayor semillero de emprendimiento, música y cultura popular. Como muestra de una creciente influencia cultural, africanos han ganado tanto el Premio Booker como el Premio Nobel de Literatura en los últimos años.

Sin embargo, también me parece factible que África pueda cobrar relevancia al convertirse en una fuente creciente de caos, refugiados y crisis humanitarias.

Pensaba en todo esto durante un viaje por África en diciembre que puso de relieve tanto sus fortalezas como sus debilidades. En Marfuti, una aldea en el sur de Madagascar, estuve en la choza de una mujer llamada Joroaze y sus ocho hijos, al menos tres de ellos con desnutrición aguda. El cambio climático parece haber aumentado la frecuencia de las sequías en la región, destruyendo cultivos y propagando el hambre. Para conseguir agua, Joroaze debe hacer una caminata de tres horas ida y vuelta hasta el pozo más cercano. El único alimento en su choza era una cubeta de tunas.

No tengo claro cómo personas como ella pueden mejorar su situación si la sequía persiste o empeora.

“Cuando era pequeña, llovía bastante”, me dijo Ratsolo, una matriarca de la aldea de 60 años. “Ahora ya no llueve”.

En otras partes de África, las condiciones son aún peores. El Instituto de Investigación para la Paz de Oslo informó en junio que el número de conflictos anuales en África casi se ha duplicado en una década, a 28.

Hace varios meses, estuve en la frontera entre Sudán y Chad, cubriendo la guerra civil y la hambruna que devastan al pueblo sudanés. Asimismo, el empobrecido Sahel de África Occidental —países como Malí, Níger y Burkina Faso— está hecho trizas por el terrorismo y los conflictos, pudiendo convertirse en una vasta región en caos.

El Congo ocupa un lugar especial en mi corazón, en parte debido a décadas de reportear allí. En 1960, su producto interno bruto per cápita era más del doble que el de Corea del Sur. Pero las cifras del Congo se desplomaron, y hoy Corea del Sur es una democracia industrializada que no se compara con Congo.

A principios de la década de 1990, el África subsahariana era más rica per cápita que China; ahora, China está en una situación mucho mejor. La brecha entre África y el resto del mundo se está ampliando. África representaba el 14 por ciento de los pobres del mundo en 1990, pero The Economist calcula que si continúan las tendencias actuales, representará el 80 por ciento en el 2030.

La inversión de China en África llevó a Estados Unidos a prestar más atención al continente durante un tiempo, pero ahora China está replegándose, y la Administración Trump está suspendiendo los programas de ayuda y ha puesto fin a la asistencia a algunas iniciativas de salud femenina. Esto causará enorme penuria.

Sin embargo, aunque los retos de África son enormes, mucho en África también me da esperanza. A lo largo de las décadas, he visitado 53 de sus 54 países, y hoy veo enormes avances en educación y el surgimiento de líderes listos para impulsar el continente.

Seychelles fue durante mucho tiempo un Estado unipartidista con controles rígidos que devastaron la economía. Pero en el 2008, una crisis financiera obligó el cambio. Desde entonces, el País ha construido una economía moderna, impulsado el turismo y atraído a nómadas digitales.

“Nuestro enfoque ahora no debe ser solo culpar al pasado”, me dijo Ahmed Afif, Vicepresidente de las Seychelles. “Nuestro enfoque debe ser cómo transformar nuestro mundo”.

Ese fue un tema que escuché con frecuencia en mi viaje reciente, especialmente de los jóvenes africanos. El continente es joven, pero sus líderes suelen ser mayores —el Presidente Paul Biya de Camerún cumplió recientemente 92 años y lleva 42 en el poder— y los jóvenes anhelan un mejor liderazgo.

“Nos sentimos traicionados por la generación mayor”, me dijo Namayi Auma, de 24 años, en la barriada de Kibera en Nairobi, Kenia, donde creció. Su hermana mayor, de 33 años, no recibió educación formal, pero Auma acaba de graduarse de la Universidad de Nairobi y pretende aprovechar sus estudios.

“La educación se ha convertido en el arma de esta generación”, afirmó. “Queremos aquí las oportunidades que vemos en otros países.

“No tenemos paciencia”, añadió.

¿Podrán estos jóvenes impacientes lograr el cambio?

En el 2019, los ciudadanos sudaneses enfrentaron torturas, violaciones y masacres para deponer a su Gobierno despótico. Sin embargo, pese a la valentía y la visión de los manifestantes, los militares tomaron el poder solo dos años después, y desde entonces el País está envuelto en una horrenda guerra civil.

Pero incluso ante las atrocidades cometidas por las milicias, la sociedad civil sudanesa ha organizado salas de respuesta a emergencias que fueron nominadas al Premio Nobel de la Paz.

Me impresiona la labor de líderes de organizaciones sin fines de lucro como Valentino Achak Deng, un presunto niño perdido de Sudán del Sur, protagonista del exitoso libro de Dave Eggers, “¿Qué es el qué?”. Con el dinero del libro, Deng fundó una excelente preparatoria para niños en Sudán del Sur y ha logrado mantenerla en funcionamiento durante la guerra civil.

Existe un gran debate sobre por qué gran parte de África está tan rezagada respecto al resto del mundo. Para mí, el factor más importante ha sido la gobernanza débil. A los países que han disfrutado de un liderazgo fuerte y sostenido (como Botsuana) les ha ido bien, pero muchos han sido cleptocracias inestables.

“Nuestro Gobierno nos está hundiendo”, me dijo Diana Kasina, una estudiante de periodismo keniana de 19 años.

Bajo esta presión popular, el liderazgo está mejorando en algunos lugares. Están surgiendo figuras con un alto nivel educativo.

Una estrella en África Occidental es Moinina David Sengeh, quien creció en Sierra Leona, estudió en la Universidad de Harvard, obtuvo un doctorado del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y luego trabajó para IBM. Regresó a Sierra Leona como director de innovación y, posteriormente, como Ministro de Educación, supervisó un gran impulso para mejorar la educación en su País. Desde entonces, ha sido ascendido a Ministro principal. En él, veo lo que un mejor liderazgo podría ofrecer al continente.

Mucha gente cree que lo natural es que Estados Unidos y Europa dominen el mundo, pero históricamente este es un fenómeno reciente que se remonta a unos cuantos siglos. Durante la mayor parte de la historia, Asia lideró el mundo en producto interno bruto y población. Quizás la demografía finalmente le dé a África la oportunidad de ascender.

Sospecho que el continente adquirirá mayor importancia en nuestras vidas. No estoy seguro de si será por sus éxitos o por sus dificultades. Probablemente, por ambas cosas.

Nicholas Kristof es columnista de la sección de Opinión de The New York Times desde 2001 y ha ganado dos premios Pulitzer. Comentarios a intelligence@nytimes.com.

© 2024 The New York Times Company

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