Siempre

El artículo de Octavio Carvajal: Crimen de Estado

El exdirector de la Policia Nacional, Ricardo Ramírez del Cid, se destapó culpando a exministros
de Seguridad de sostener amoríos con capos

23.02.2019

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- La estocada a la Policía Nacional ha desatado un pleito entre tigres y lobos, al grado que varios oficiales aseguran que dignatarios son uña y mugre del bajo mundo.

Inició el traqueteo en altas esferas. Los de uniforme y de traje están sacándose los trapitos sucios. No se pongan espuelas que paso a paso cada quien dormirá por el norte o terminará en nichos.

A nadie parece alterar la inimaginable lucha de poder dentro de la Policía que estuvo a los pies del crimen organizado por más de dos décadas. La herida infringida por el Poder Ejecutivo en sus cumbres agitó el poderío de varios comisionados que han jurado no cruzar brazos a pesar que rigiendo comisarías siempre estuvieron sumisos, calladitos.

Yo no fui
Raro que estando en la cúpula de Casamata, los oficiales que se pusieron firmes como puentes para el trasiego de drogas jamás acusaron a superiores ( Secretarios de Seguridad) ni mucho menos a un Presidente de intimidarlos para abortar operativos contra peligrosos narcos.

Si ninguno brincó teniendo el pastel, entonces ¿policías y civiles poderosos tejían oscuras tramas según la clientela?

Un comisionado de Policía a quien le apodan “El hijo de Chavelo” reveló la presunta existencia de un plan de actual gobierno para liquidarlo, pero su denuncia resultó burda pues afirmó que el supuesto jefe de sicarios “me dijo que me buscaban para matarme”. Ja, ja, ja. O sea, el matón lo llamó o se reunió con él para ofrecerle los tiros.

Muy pronto habrá más noticias desde Nueva York. Los cantos de oficiales de Policía y de civiles detenidos por narcotráfico rociaron a sus jefes por estas tierras. Seguro que Pacheco Tinoco no los arrestará, pero que se van, se van.



Tal declaración nos hace suponer que el oficial conoce gatilleros y los protege. ¿Manda mensajes para intimidad o chantajear? El Comisionado Nacional de los Derechos Humanos lo cobijo por si las moscas, así como socorrió a intocables mafiosos que asaltaron el Instituto Hondureño de Seguridad Social (IHSS). El país al revés. El de arriba delinque y aplasta sin piedad.

Moñeros
Ricardo Ramírez del Cid se destapó culpando a exministros de Seguridad, de sostener amoríos con capos. Empero, dirigiendo la Policía fue otro manso, jamás cantó nada a la prensa. ¿Qué se traen ustedes con los grandes mientras gozan el trono? ¿Por qué se cuadraron a corbatudos si eran picaritos? ¿Por los ascensos sin méritos o por la moña?
Estando en el Cuartel de Casamata ¿ninguno vio o acarició maletines cargados de dólares? Hasta una matrona del régimen pasado recogía su buen lote de verdes con tal de tener manso a su tigre que acataba sus vulgares órdenes. Se le hincaban a “la doña”.

Sin saber de sus andanzas, Ramírez Del Cid tiene medio mudos a dos grandes, a uno que durmió en el recinto de uniformados matones y, a otro parlando en el Congreso. Dos escupidas y les calló el pico. Apenas balbucearon. Los ligó al bajo mundo. “Peleaban” otras cosas. El crimen organizado les embrujó. Tremendo amor al bocado. ¿Eso quiso decir don Ricardo?

Aúllen
Esta otra fiera debería cantar quiénes son esos “autores intelectuales” (no capturados) del crimen contra el periodista Alfredo Villatoro, por cuyo caso, dijo, le volaron la cabeza de la dirección policial. Ramírez del Cid señaló tajante que a “toronjita” (ya olvidado y enterrado en la “N”) lo mataron policías. ¿Por qué? ¿Quiénes ordenaron su muerte? Es un crimen de Estado.

Tan grave acusación y la Fiscalía –como siempre- no citó al exjefe policial. Un asesinato, entre miles de huecos ocurridos en la era de Porfirio Lobo Sosa ante la desidia de una población polarizada por “líderes” políticos que, en lugar de esclarecer tanta impunidad, embrutecen, ya rayan hablando de reelección, de segunda vuelta, de constituyente.

Demonios
Ni a P epe Lobo ni a JOH les importa indagar este y otros asesinatos que pasaron al olvido en trama con policías, militares y secretarios de la inseguridad. Canten de una vez por qué y quiénes son los políticos que ordenaron liquidar a Villatoro, a Arístides Gonzales y a Alfredo Landaverde, entre un chorro de paisanos víctimas de sus insolencias y codicias.

Ya nadie cree en sus teorías ni griterías. No más trajeados repletos de pillerías mientras los indultan en sucios templos que hace mucho tiempo no tienen eco en el cielo porque sus cabezas también están podridas.